Estrés y alto rendimiento

El bienestar mental y el estrés

Gestión del estrés y del rendimiento con Neuromeditación

Alto rendimiento con Neuromeditación

El estrés de la sociedad en la que vivimos está directamente relacionado el bienestar mental, y resulta fundamental para nuestra capacidad colectiva e individual de pensar, manifestar sentimientos, interactuar con los demás, ganar el sustento y disfrutar de la vida. Sobre esta base se puede considerar que la promoción, la protección y el restablecimiento de la salud mental son preocupaciones vitales de las personas, las comunidades y las sociedades de todo el mundo.

La salud mental se define como un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad.

Por eso, la dimensión positiva de la salud mental se destaca en la definición de salud que figura en la Constitución de la OMS: «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». En este sentido positivo, la salud mental es el fundamento del bienestar individual y del funcionamiento eficaz de la comunidad.

La OMS, siguiendo esa línea de su Constitución, establece en el Plan de acción sobre salud mental 2013 – 2020 que el bienestar mental es un componente fundamental de la definición de salud, y reitera que la buena salud mental hace posible que las personas materialicen su potencial, superen el estrés normal de vida, trabajen de forma productiva y hagan aportaciones a su comunidad. Se comprende entonces que en el núcleo del plan de acción se encuentre el principio mundialmente aceptado de que «no hay salud sin salud mental».

Dado que el bienestar mental posibilita que el individuo realice sus capacidades, supere el estrés normal de la vida, trabaje de forma productiva y fructífera, y aporte algo a su comunidad, es imprescindible que se incorporen programas de bienestar mental al ritmo cotidiano de las empresas y de las instituciones educativas. Continuar leyendo

PNL: ¿para qué sirve?

Qué es la PNL

Al oír por primera vez algo sobre la PNL o Programación Neurolingüística, hay quien se siente como espantado por el nombre, quien lo ve como algo poco asequible o quien se dice que no es lo que busca. ¿Cuál es tu experiencia? No hay por qué alarmarse: el nombre es lo más complicado de todo.

La Programación Neurolingüística (PNL) surge en los años 70 en el entorno de la universidad de Santa Cruz (California) de la mano de Richard Bandler y John Grinder. Bandler era informático y estudiante de psicología en aquellos tiempos; Grinder, lingüista y profesor de la facultad de Psicología. Es de suponer que en la elección del nombre hayan tenido peso las especialidades de ambos.

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A la vez que pueda resultar extraño, el nombre de la PNL nos permite comprender cómo puede llevarse a cabo la reprogramación. Desde que nacemos, vamos adquiriendo aprendizajes que se comportan en nosotros como un programa informático, de tal manera que vivimos “programados” (Programación), condicionados, por nuestros recuerdos, experiencias, creencias, patrones de aprendizaje… Dichos programas se instalan a través de redes neuronales: cada aprendizaje genera conexiones entre neuronas que, al asentarse de manera automática (hábitos) configura, junto a otros, toda una red neuronal (Neuro). Y la programación fruto de los aprendizajes que se asienta físicamente en redes neuronales está sostenida por el lenguaje (Lingüística): el lenguaje (verbal y corporal) estructura y es estructurado por nuestros procesos de pensamiento y sostiene nuestro comportamiento y disposición ante la vida. Éste es nuestro funcionamiento natural y espontáneo. Y si utilizamos los mismos mecanismos para generar nuevos aprendizajes que no nos limiten o que nos limiten menos, podemos “reprogramarnos”. Utilizando el lenguaje de una manera que construya y nutra, podemos generar nuevos pensamientos que desactiven las redes neuronales establecidas para activar otras nuevas de manera que transformen nuestras emociones y, al final del proceso, nuestro cuerpo, que es la sede de las reacciones y conductas inconscientes, y así se cargue de una nueva química más saludable y más potenciadora.

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Planificar o no planificar: esa es la cuestión

Planificar o no planificar

En algún lugar de internet, de cuyo nombre no puedo acordarme, no ha mucho tiempo leía que “pensar sólo en el presente es de locos y planificar hasta la jubilación es de sabios”. Y cuando digo hasta la jubilación, significa establecer una hoja ruta dando por supuesto que viviremos al menos tantos años como la esperanza de vida atribuida por las estadísticas a un país que se autodenomina desarrollado.

Objetivos cumplidos

En términos de productividad y consecución de logros, se puede afirmar que cuando las personas tienen un objetivo que alcanzar y una dirección que tomar muy clara, el universo se confabula para facilitar el camino. Por ello es determinante no sólo la meta a alcanzar sino la definición del objetivo y la reflexión sobre el para qué de lo que se quiere alcanzar. En un proceso de Coaching, el momento de concretar el objetivo es quizás el más relevante, puesto que condicionará el camino a seguir por el viajero. Resulta imprescindible que la persona se dé permiso para meditar para qué quiere lograr ese objetivo y qué consecuencias se derivarán de ello en su vida y en su entorno. Aunque en ocasiones hacemos estas y otras reflexiones de manera inconsciente, darse la oportunidad de iniciar el viaje acompañado por un Coach implica responder a preguntas y abrir puertas que uno mismo no elegiría de motu proprio. Conlleva abrirse a la experiencia del fluir, aparentemente enemiga del planificar. Y resalto aparentemente porque en una sesión de coaching lo único pactado es lo establecido en la alianza con el Coachee o cliente (marco temporal, gestión de expectativas, retribución…). Es precisamente ese pacto lo que establece los límites de forma saludable y lo que facilita una conversación intensa e inteligente que indudablemente tiene lugar en el presente entre dos personas que así lo han planificado. Decía Platón que “cada hombre posee dentro de sí una parte de verdad, y requiere la ayuda de los demás para descubrirla.”

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