El buen ambiente de trabajo ahorra 30 millones

El buen ambiente de trabajo diferencia a las organizaciones de éxito de las mediocres

Cuántas veces escuchamos o incluso hemos dicho cosas del estilo “bastante tengo con todo mi trabajo como para andar preocupándome de la lealtad, el compromiso o de si están a gusto los empleados en su trabajo… ¡Qué más quisiera yo!, pero lo primero es lo primero…” Querámoslo o no, el ser humano es el centro del trabajo, es lo más importante, y mientras este hecho no se asuma, de nada vale hablar de sofisticadas herramientas de gestión. Más vale conseguir que el viento sople a favor…

Las compañías más exitosas del futuro serán las que saquen provecho de las técnicas de mejora del personal. (Edward N. Hay, 1943)

 

Ambiente de trabajo en un mundo cambiante.

Ambiente de trabajo en un mundo cambiante.

Un buen ambiente de trabajo contribuye a tener un equipo más productivo y comprometido con la organización, clientes más satisfechos y por ende, personas más felices. No obstante, es importante señalar que no se puede hablar de un único clima laboral, sino, dependiendo del tipo de organización, de la existencia de subclimas que coexisten simultáneamente. Así, una unidad de negocio o un departamento dentro de una organización pude tener un clima excelente, mientras que en otro el ambiente de trabajo puede ser o llegar a ser muy deficiente. Pero, ¿qué entendemos por buen ambiente de trabajo?

¿Qué es lo que configura el buen ambiente de trabajo?

Son múltiples los factores que influyen en el buen ambiente de trabajo. Uno de ellos es la confianza, que resulta fundamental y hace que se deleguen tareas. El personal se siente motivado cuando se delega porque con ello se fomenta la satisfacción de la persona en quien se delega y se promueve la confianza mutua, lo que hace que los colaboradores se sientan parte de la empresa y que compartan sus valores. ¿Has vivido alguna vez la situación de “cuello de botella”? Por más que trabajes y se trabaje bien, las tareas no acaban de salir en el tiempo deseado o ni siquiera salen porque todo tiene que pasar por las manos de alguien o de algún departamento. ¿Mala organización? ¿Egos en las organizaciones? ¿Falta de planificación? Confiar en la profesionalidad y capacidad de las personas ayuda no caer en el embudo de la mediocridad o de la falta de éxito.

La unidad y la confianza entre todos los miembros de un equipo o de la empresa en su conjunto sin duda dependen también de los buenos y sanos lazos emocionales que se generen entre todos. Por sus roles de líderes, a los directores o jefes de equipo o departamento les compete, más que a otros, generar unidad y confianza expresando interés por las vidas personales de sus compañeros o colaboradores. La gestión emocional es hoy ineludible en las organizaciones. Se trata de estar atento a las necesidades de las personas para incrementar la colaboración entre ellas y los equipos y departamentos que forman.

En línea con lo anterior, para el buen ambiente de trabajo también es imprescindible que existan políticas en la organización para la buena conciliación entre el mundo laboral y el familiar o personal. Según las investigaciones de la Universidad Estatal de Pennsylvania, muchos hombres y mujeres sienten menos estrés en sus trabajos que en sus casas; no obstante, también es cierto que el estrés generado en el mundo familiar y personal afecta al rendimiento laboral y al grado de satisfacción y motivación en el desempeño de las tareas profesionales. Y viceversa: el estrés en el trabajo, en ocasiones provoca situaciones problemáticas y conflictivas en casa.

En íntima conexión con la confianza encontramos la generación de desafíos para el personal, que también ayuda al buen ambiente de trabajo. Los desafíos hacen sentir que el trabajo aporta valor, y también que en la organización se puede aprender y crecer, lo que lleva a una alta motivación y a la innovación y la creatividad.

Los factores que hemos señalado aumentan la motivación en el trabajo. Y, cómo no, una remuneración adecuada y unos buenos incentivos también ayudan a ello. Sin embargo, los estudios de economía conductual nos llevan a unas conclusiones contraintuitivas: superado cierto nivel de incentivos los seres humanos rendimos intelectualmente peor, pues abandonamos motivaciones intrínsecas (como el orgullo de hacer un buen trabajo, la profesionalidad, la autoimagen) por motivaciones externas y fijarse sólo en indicadores parciales y no en lo que el profesional conoce como rendimiento general de su trabajo (para entendernos, es como pensar en una web únicamente por el número de visitas). Ante incentivos demasiado altos puede que salgamos del “estado de flujo”. No obstante, sin un salario apropiado y unos incentivos adecuados, la motivación no conduce al rendimiento deseado, y el buen ambiente de trabajo se resiente por ambos lados.

Algunos datos sobre el buen ambiente de trabajo

Ya sabemos que es imprescindible que los empleados estén motivados, y también lo es que estén habilitados, es decir, que cuenten con el soporte suficiente para terminar el trabajo: la motivación, por tanto, es tan sólo la mitad de la historia, también cuenta la autonomía y libertad de actuación. Si las personas motivadas de la organización no ven finalizados sus desafíos, no consiguen que su trabajo llegue a término o sienten que su trabajo, al final, queda en el olvido en el “cajón” de un escritorio o en la carpeta de un gestor de mails (ya sea por la burocracia de la empresa, por los sistemas utilizados o por los conflictos internos), además de acabar con cierto grado de frustración e insatisfacción, dejarán de intentarlo o incluso se marcharán de la organización. Los estudios de HayGroup estiman que el costo de reemplazar un empleado está entre el 50% y el 150% del salario. Reducir en un 40% el índice de rotación, generaría ahorros anuales del orden de 22,4 millones de dólares. Sin embargo, reducciones en rotación de personal generadas mediante altos niveles de compromiso y soporte, aportarían ahorros anuales de 30 millones de dólares, una diferencia de más de 7,5 millones de dólares. Según HayGroup, las personas que están motivadas y habilitadas o con soporte para realizar el trabajo generan un rendimiento aún mayor. Estos empleados tienen un 50% más de probabilidades de superar las expectativas y son un 54% menos propensos a marcharse y costarle dinero a la empresa. Ganar el compromiso de los empleados y brindarles el soporte adecuado tiene un impacto positivo en los ingresos y en la reducción de costos.

Junto a estos datos, conviene tener en cuenta las estadísticas que arrojan las investigaciones sobre el buen ambiente de trabajo: las organizaciones ubicadas en el cuartil superior en compromiso de los empleados, obtienen un crecimiento en sus ingresos 2,5 veces mayor que el de las que están clasificadas en el cuartil inferior. En contraste, las empresas ubicadas en el cuartil superior tanto en compromiso como en soporte logran un crecimiento de sus ingresos 4,5 veces mayor.

10 acciones para fomentar el buen ambiente de trabajo

Dada la importancia del buen ambiente de trabajo, ¿qué acciones podemos llevar a cabo para que sea un realidad en nuestra organización?

  1. Date tiempo para escuchar a tus empleados. Con esto lograrás no sólo obtener ideas para mejorar el desempeño en las distintas áreas e innovar, sino que podrás reconocer los problemas, las personas que restan valor a tu organización y todos aquellos elementos que frenan el buen funcionamiento de la empresa en sus distintos niveles.
  1. Recuerda que a la gente le gusta sentirse tomada en cuenta. Pregunta a las personas de tu organización antes de implementar algún cambio y pídeles también que aporten soluciones ante cualquier situación. Compartir los valores de la organización es una cuestión práctica, no teórica.
  1. Fomenta la autonomía en el desempeño de las tareas siempre en dependencia de las necesidades de la organización y genera espacios para pensar y mantener a los empleados en el futuro de la empresa. Sin creatividad y libertad, la organización se va empobreciendo poco a poco.
  1. Cuida las condiciones físicas: la iluminación, el sonido, la distribución y la estética de los espacios, la ubicación (situación) de las personas, los utensilios, etc.
  1. Fomenta las buenas relaciones y el respeto. Sin colaboración es muy difícil caminar en la misma dirección.
  1. Construye una buena organización. ¿Se trabaja mediante procesos productivos, se trabaja por inercia o por las urgencias del momento, se trabaja aisladamente o se promueven los equipos por proyectos? Conviene que haya modelos de gestión implantados.
  1. Practica el reconocimiento. Se trata de implantar en la organización un sistema de reconocimiento del trabajo bien hecho. Sin duda, en conexión con el reconocimiento están el feedback y la comunicación efectiva.
  1. Establece una buena política de remuneraciones e incentivos. Y recuerda que el dinero no es lo único que mueve a las personas.
  1. Implanta la igualdad. Que todos los miembros de la organización sean tratados con los mismos criterios para que no haya discriminación, sin “enchufismos” ni “amiguismos”.
  1. Cuida de otros factores relevantes. No son menos importantes que lo anterior para el buen ambiente de trabajo la formación, las expectativas de promoción, la seguridad en el empleo, los horarios o los servicios médicos, el bienestar mental y la prevención de riesgos psicosociales en el trabajo.
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