El lenguaje del éxito: 4 claves para dominarlo (2)

El éxito y sus claves

El lenguaje del éxito (IAR)

El lenguaje del éxito (IAR)

En nuestra anterior publicación profundizamos en las dos primeras claves para dominar el lenguaje del éxito:

  1. Saber cómo piensan los demás
  2. Generar el clima adecuado

Continuamos ahora con las dos restantes:

  1. Aprender a escuchar
  2. Saber hacer preguntas poderosas

3ª clave del lenguaje del éxito: aprender a escuchar

Bailar con otra persona y seguir el mismo compás nos conducen a la oportunidad del “gran baile”. Calibrar y acompasar los predicados, la voz y el cuerpo se unen al arte de la escucha para poder participar en el gran baile. Únicamente los grandes bailarines de la comunicación son capaces de manejar el lenguaje externo e interno. Para el gran baile se requiere la doble atención: que toda la mente esté puesta fuera y a la vez dentro…

Junto a la escucha y atención de lo externo (palabras, voz, cuerpo…), en cada conversación existe un diálogo íntimo y propio que es paralelo al que mantenemos con aquellos con quienes nos comunicamos. ¿Te has pillado alguna vez hablando con alguien y tras un momento darte cuenta de que no le estabas escuchando? Solemos decir que “se te ha ido el santo al cielo”. Mientras esto ocurría, probablemente estabas hablando contigo mismo pensando en lo que vas a decir, o dando vueltas a algo que te acaba de decir la otra persona, o, sencillamente, pensando en algo que no tiene nada que ver porque te has distraído… Y ocurre que, en ocasiones, todas esas cosas que uno se dice sin darse cuenta le están abriendo o cerrando posibilidades, limitando lo que es posible o facilitándolo… ¿Te has dado cuenta alguna vez de cómo, ante alguna persona, da igual lo que te vaya a decir porque internamente te estás diciendo cosas? ¿O cómo ante algunas situaciones tú ya te has dicho o te estás diciendo que eso o aquello es posible o no lo es, o que tú sí puedes o no puedes…? La comunicación se puede romper por todo ese diálogo interno y uno no darse cuenta. No se llegará a ningún gran baile si no se practica la doble atención. El lenguaje es verbal y no verbal, externo e interno. Ésta es la razón por la que es imprescindible la tercera clave del lenguaje del éxito: aprender a escuchar.

La facultad de recuperar voluntariamente, una y otra vez, la atención errante, se halla en la raíz misma del juicio, el carácter y la voluntad.

(William James)

Y aunque es imprescindible, la doble escucha resulta difícil cuando nuestro cerebro se ha acostumbrado a vivir disperso. Dejando a un lado las asociaciones creativas y fructíferas, la mente errante tiende a centrarse en el yo y en sus preocupaciones, es decir, “en todas las cosas que hoy tengo que hacer, en las cosas equivocadas que le he dicho a tal persona o en lo que, por el contrario, debería haberle dicho”. Y es que, aunque haya ocasiones en que la mente gravite alrededor de pensamientos o fantasías placenteras, lo más habitual es que lo haga en torno a cavilaciones y preocupaciones. El “yo” refleja la actividad de la modalidad por defecto, ese generador de la mente inquieta y perdida en una corriente serpenteante de pensamientos que poco o nada tiene que ver con la situación presente y tiene mucho, en cambio, que ver con uno mismo. Esa es la modalidad que asume la mente cuando descansa de cualquier actividad concentrada.

La modalidad de mente errante se refleja en el cerebro en la región medial de la corteza prefrontal, que se activa en la medida en que la cavilación y el diálogo interno generan un trasfondo de ansiedad de bajo nivel. Durante la concentración alerta, despierta, sin embargo, una región cercana, la corteza prefrontal lateral, inhibe el área medial. Nuestra atención selectiva deselecciona entonces los circuitos ligados a las preocupaciones emocionales, la modalidad más poderosa de distracción. Cualquier modalidad de foco activo desconecta el “yo”, mientras que cualquier modalidad de foco pasivo nos devuelve al terreno tan cómodo como pantanoso de la especulación. La verdadera concentración exige acallar la voz interior. Para entrenar esta atención selectiva contamos con herramientas como la Neuromeditación. Así, el buen manejo del lenguaje del éxito se puede adquirir aprendiendo herramientas de PNL y practicando la Neuromeditación.

4ª clave del lenguaje del éxito: hacer preguntas poderosas

¿Sabías que no podemos no responder a las preguntas? Como esto se comprueba una y otra vez, sé que te has respondido a la que acabo de formular. ¿Qué tiempo hizo ayer? ¿Cómo viajarías a Plutón? ¿Qué es eso tuyo que no le contarías a nadie…?

Las preguntas abren y cierran mundos de posibilidades y la PNL nos ha facilitado la comprensión de los mecanismos por los que una pregunta congruente pone en marcha todos los ajustes internos necesarios para darle sentido y poderla contestar. De ahí la tremenda importancia que tiene la calidad de las preguntas. Ya estás en el gran baile: ¿quieres ir a por el oro?

Según qué tipo de preguntas nos hagamos podemos estar potenciándonos para el éxito o limitándonos. Hay preguntas cuyo poder radica en poner el foco en la solución y otras cuyo poder es focalizar en el problema. Nos interesa, por consiguiente, nutrir nuestro lenguaje de preguntas poderosas y potenciadoras para alcanzar el éxito.

Las preguntas potenciadoras promueven una nueva comprensión, mueven a la acción, pueden dar un sentido más profundo a la vida o ayudan a aprender de la situación, por ejemplo. Son preguntas del tipo “qué”, “cuándo”, “dónde o con quién”, “cómo”, “para qué”… Estas preguntas, combinadas con la formulación de un objetivo, con los recursos que se necesitan para alcanzarlo, con las dificultades u obstáculos y con los niveles de la experiencia (como por ejemplo los valores y las creencias o convicciones) se convierten en realmente poderosas a la hora de alcanzar el éxito que se desea. Si todo esto te genera alguna duda, puedes preguntarte: ¿y si fuese realmente como estamos proponiendo…?, pregunta ésta poderosa donde las haya…

La competencia del lenguaje, más allá de tu preparación profesional, determina la senda hacia la consecución de tus metas. Hacer tuyas estas cuatro claves para el lenguaje del éxito es comprender que a la hora de tener éxito no importa lo que digas sino lo que los demás entiendan.

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