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Bienestar mental

 

BIENESTAR MENTAL

El bienestar mental es fundamental para nuestra capacidad colectiva e individual de pensar, manifestar sentimientos, interactuar con los demás, ganar el sustento y disfrutar de la vida. Sobre esta base se puede considerar que la promoción, la protección y el restablecimiento de la salud mental son preocupaciones vitales de las personas, las comunidades y las sociedades de todo el mundo.

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La salud mental se define como un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad. 

Por eso, la dimensión positiva de la salud mental se destaca en la definición de salud que figura en la Constitución de la OMS: «La salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades». En este sentido positivo, la salud mental es el fundamento del bienestar individual y del funcionamiento eficaz de la comunidad.

La OMS, siguiendo esa línea de su Constitución, establece en el Plan de acción sobre salud mental 2013 - 2020 que el bienestar mental es un componente fundamental de la definición de salud, y reitera que la buena salud mental hace posible que las personas materialicen su potencial, superen el estrés normal de vida, trabajen de forma productiva y hagan aportaciones a su comunidad. Se comprende entonces que en el núcleo del plan de acción se encuentre el principio mundialmente aceptado de que «no hay salud sin salud mental».

Dado que el bienestar mental posibilita que el individuo realice sus capacidades, supere el estrés normal de la vida, trabaje de forma productiva y fructífera, y aporte algo a su comunidad, es imprescindible que se incorporen programas de bienestar mental al ritmo cotidiano de las empresas y de las instituciones educativas. Con respecto a los niños, la OMS hace hincapié en los aspectos del desarrollo, como el sentido positivo de la identidad, la capacidad para gestionar los pensamientos y emociones, así como para crear relaciones sociales, o la aptitud para aprender y adquirir una educación que en última instancia los capacitará para participar activamente en la sociedad.

La salud mental, como otros aspectos de la salud, puede verse afectada por una serie de factores socioeconómicos, entre los que se encuentran el estrés, las condiciones laborales, la falta de gestión de pensamientos, emociones, comportamientos e interacciones con los demás, y la carencia de sentido de la identidad y de sentido vital. Dependiendo del contexto local, algunas personas y grupos sociales pueden correr un riesgo significativamente mayor de sufrir problemas de salud mental. En muchas sociedades, los trastornos mentales relacionados con el exceso de trabajo y el estrés suscitan una creciente preocupación.

La OMS denomina trastornos mentales a esas variaciones del bienestar mental que suelen caracterizarse por una combinación de pensamientos, emociones, comportamientos y relaciones sociales anormales, y entre los que destaca los trastornos mentales y del comportamiento causados por consumo de sustancias psicoactivas, trastornos del humor (afectivos), trastornos relacionados con el estrés, trastornos de la personalidad y del comportamiento en adultos, trastornos emocionales y del comportamiento que aparecen habitualmente en la niñez y en la adolescencia, etc.

Conviene que dichos factores se aborden mediante estrategias integrales de promoción, prevención, tratamiento y recuperación. Así, el objetivo 3 para la aplicación del mencionado Plan (“Poner en práctica estrategias de promoción y prevención en el campo de la salud mental”) recoge, entre otras, la opción de promover el bienestar mental a través del fomento de la meditación. 


 

ALGUNOS DATOS

La pérdida de bienestar mental o trastornos mentales influyen a menudo en otras enfermedades tales como el cáncer o las enfermedades cardiovasculares, y se ven influidos por ellas, por lo que requieren servicios y medidas de movilización de recursos comunes. Por ejemplo, hay pruebas de que la depresión predispone al infarto de miocardio y a la diabetes, que a su vez aumentan la probabilidad de sufrir depresión. Muchos factores de riesgo, tales como el estrés, son comunes a los trastornos mentales y a otras enfermedades no transmisibles. También hay una considerable coincidencia entre los trastornos mentales y los trastornos por consumo de sustancias. Tomados en su conjunto, los trastornos mentales, neurológicos y por consumo de sustancias se cobran un alto precio, y representaban un 13% de la carga mundial de morbilidad en 2004. Por sí sola, la depresión representa un 4,3% de la carga mundial de morbilidad, y se encuentra entre las principales causas mundiales de discapacidad (un 11% del total mundial de años vividos con discapacidad), sobre todo entre las mujeres. Las consecuencias económicas de estas pérdidas de salud son igualmente amplias: en un estudio reciente se calculó que el impacto mundial acumulado de los trastornos mentales en términos de pérdidas económicas será de US$ 16,3 billones entre 2011 y 2030.


 

CICLO VITAL Y ACCIÓN MULTISECTORIAL

La OMS insta a la promoción del bienestar mental desde sus principios y enfoques transversales. Algunos de estos hacen referencia a la totalidad del ciclo vital y a una acción multisectorial. En cuanto al enfoque que abarca la totalidad del ciclo vital, las políticas, planes y servicios de salud mental han de tener en cuenta las necesidades sanitarias y sociales en todas las etapas del ciclo vital: lactancia, infancia, adolescencia, edad adulta y ancianidad. Por su parte, el enfoque multisectorial, aboga por la respuesta integral y coordinada que requiere alianzas con múltiples sectores públicos, tales como los de la salud, educación, empleo, justicia, vivienda, social y otros, así como con el sector privado.

En el caso de exposición a sucesos vitales adversos o condiciones extremas de estrés, como conflictos aislados, reiterados o continuos, puede tener para la salud general y mental graves consecuencias que requieren un examen cuidadoso, especialmente con respecto a la caracterización diagnóstica (sobre todo para evitar el sobrediagnóstico y la medicalización excesiva) y al planteamiento del apoyo, la atención y la rehabilitación.


 

PROGRAMAS DE BIENESTAR MENTAL

Para que el bienestar mental esté cada día más integrado en la sociedad, la OMS promueve la introducción de la salud mental en los programas de estudios de pregrado y universitarios, y la formación de los recursos humanos. Es primordial no sólo atender las necesidades de las personas aquejadas de un determinado trastorno mental, sino también proteger y fomentar el bienestar mental de todos los ciudadanos, ya que la salud mental evoluciona a lo largo de toda la vida: las primeras etapas son especialmente propicias para perseguir estos objetivos, pues hasta un 50% de los trastornos mentales que afectan a adultos empiezan antes de los 14 años de edad. Conviene, así, que se lleven a cabo intervenciones tempranas científicamente contrastadas de carácter no farmacológico, ya sean psicosociales o de otra índole, dispensadas desde el ámbito comunitario, evitando la institucionalización y la medicalización.

Las estrategias globales de promoción del bienestar mental durante toda la vida pueden centrarse, entre otras cosas, en el cultivo de los principales recursos psicológicos del individuo en las etapas formativas de la vida (por ejemplo con programas para la primera infancia, de preparación para la vida activa, o programas para favorecer una relación segura, estable y enriquecedora entre los niños y sus progenitores y cuidadores; instauración de condiciones saludables de vida y de trabajo (por ejemplo, introduciendo mejoras organizativas del trabajo o planes de tratamiento del estrés científicamente contrastados en los sectores público y privado).

Entre las opciones que la OMS propone para la implantación de programas de bienestar mental, se recogen:

  • Inclusión de la salud emocional y mental como parte de la atención prenatal y posnatal.
  • Implementación de programas para la primera infancia que se ocupen del desarrollo cognitivo, motor, sensorial y psicosocial de los niños, y que fomenten unas relaciones sanas entre padres e hijos.
  • Fomento de unas condiciones de trabajo seguras y propicias, prestando atención a las mejoras organizativas del entorno laboral, la capacitación de los directivos en materia de bienestar mental, la organización de cursos de gestión del estrés y los programas de bienestar laboral, y la lucha contra la estigmatización y la discriminación.
  • Fomento de las prácticas tradicionales basadas en la evidencia para la promoción y prevención en materia de salud mental (por ejemplo el yoga y la meditación).

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